Hacía tiempo que no escribía. Y no es fácil hacerlo ahora, pero he encontrado un rato para sentarme y escribir lo que muchos días pasa por la cabeza. Hoy he conseguido que además de pasar, se quedara todo escrito. Más o menos.
Hace días ya que los días
son como un domingo por la tarde de esos en que no te apetece hacer nada y te
quedas en casa. De esos en que el aburrimiento te come, pero lo agradeces. Y
lees, enciendes la tele, miras el teléfono, comes chocolate, y haces de todo y
no haces de nada.
Pero estos días que
vivimos son distintos. Porque te apetece salir y no puedes. Pasamos el día
encerrados en casa, y la casa ahoga. Yo me ahogo y salgo a la ventana y saco la
cabeza, y respiro. Cojo aire y cierro la ventana, hasta que me vuelvo a ahogar
y vuelvo.
Y me ahogo porque no sé cuánto
tiempo más va a durar esta situación extraña. No me había preparado para esto. Ni
yo, ni tú, ni nadie. Es ansiedad, lo sé, la conozco y no pasa nada. Sólo necesito respirar.
De un día para otro la
rutina cambia sin quererlo. E intentas buscar el lado bueno y piensas que va a
ir bien parar unos días, que siempre viene bien parar. Porque vivimos sin parar.
Y lo cierto es que por unos días disfruté leyendo como hacía tiempo que no podía, disfruté de películas que de no ser por esta situación, no me hubiese sentado a ver nunca.
Y lo cierto es que por unos días disfruté leyendo como hacía tiempo que no podía, disfruté de películas que de no ser por esta situación, no me hubiese sentado a ver nunca.
Pero ahora que ya van no
sé cuántos días, abro un libro y no paso de la segunda página, ni me siento dos
horas para ver una película. Tengo tiempo pero no puedo. Quiero pero ya no
puedo. Me siento y me quiero levantar. Necesito abrir la ventana y respirar.
Espero que haya una segunda parte
No hay comentarios:
Publicar un comentario